martes, 28 de julio de 2009

LA LUNA - ASPECTO MENTAL

La Luna como factor mental: La Luna simboliza los procesos de la mente subconsciente “mente del sentimiento”, no del pensamiento impersonal desprendido. Ella es opinión, basada en patrones de familia o raciales que pueden o no, tener gran relación con la realidad. En otras palabras, ella es “pensamiento motivado por respuesta de sentimiento”. Aquí la Luna se ve como “punto de vista personal” que de seguro se hara evidente cuando una persona discute sobre cualquier cosa o persona mientras está en un estado de perturbación emocional. Como factor básico de la tríada mental -la Luna, Mercurio y Neptuno- la Luna encuentra su regeneración por medio de los procesos de disciplina y control emocionales y el desarrollo del desapego personal. Nosotros estamos relacionados a personas y cosas solamente de acuerdo con la intensidad y la clase de sentimientos que tengamos para ellas. Son nuestros sentimientos los que contribuyen a la realidad en cuanto concierne a la referencia personal. Las “cosas se ven” a través de Mercurio -como ellas son en sí mismas, sólo cuando el sentimiento ha sido eliminado, el prejuicio suprimido, las influencias de los padres y la familia trascendidas, y el equilibrio interno desarrollado.

De este modo, Mercurio dice: “Este sombrero es azul”. Un hecho impersonal. La Luna puede decir: “Yo creo que este sombrero es bello” -su color es exactamente como los ojos de mi bebé. Sentimiento personal. Estos son, por supuesto, ejemplos triviales, pero sirven para indicar como pueden influir los sentimientos personales en nuestras interpretaciones de los hechos.

El truco de la Luna para perturbar nuestras percepciones, por el sentimiento, puede manifestarse en mayores formas para producir resultados trágicos. A una mujer joven su novio la deja plantada; ella reaciona emocionalmente, con resentimiento intenso y sufre por años bajo la convicción (subconsciente) que “todos los hombres son tramposos y embusteros”. Ella no está pensando con su inteligencia, sino con su sentimiento de decepción, su orgullo ultrajado y su soledad. Un hombre sufre crueldad o injusticia de manos de otro hombre de diferente raza o nacionalidad. El reacciona con una amargura que se transmite a sus hijos. Uno de éstos recibe esta impresión desdichada y porque una persona le produjo a su padre un "mal rato", el hijo, queda desde entonces prejuiciado contra las personas de esa nacionalidad y siente un poderoso impulso de condenarlas a todas a la perdición. En este ejemplo, se revela una debilidad en el modo de ser del hijo. Él no estaba usando su propia capacidad de pensar, sino que se expuso por completo a los impulsos negativos de las emociones perturbadas de su padre. Y hasta tanto él no fortalezca su poder de discernir y de pensar -conscientemente- él se estará haciendo víctima continuamente en sus actitudes sobre esa nacionalidad particular, a través de sus sentimientos irrefrenados.

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